sábado, 27 de octubre de 2012


UN SUEÑO DE AMOR


Autor: Isaías López Abundis

 

Aquel día parecía ser como otro día cualquiera, transcurría todo muy normal, me asomé por la ventana de mi casa, el sol se derramaba por sobre los tejados de las casas, y los perros corrían hacia el arroyo en busca de agua, siguiendo el andar de las mujeres del pueblo. Sin embargo, algo estaba por suceder.

Al pie de aquel grande y frondoso árbol de parota, que estaba plantado casi frente a mi casa y a orillas del río que bordeaba a mi pueblo; ese buen árbol a quien no le importa brindarle su sombra a quien se le arrime; ahí se encontraba  una  joven  hermosa  de  piel  blanca,  de  ojos  grandes y claros como la miel, su  cabello largo y dorado como los rayos del sol. Yo salí de la casa con la intención de hablarle; pero conforme avanzaba, mis ánimos decaían,  al ver como todo lo hermoso que tenía esa joven, no mayor de dieciocho años, contrastaba con la gran tristeza que reflejaban sus ojos; muy seria y con la vista perdida, parecía  que  le platicaba  sus penas a aquel árbol que no tenía más remedio que escucharle. Ella me ignoró y yo sin hablarle, me regresé a l interior de la casa y la seguí observando por la ventana; vi como se alejaba cabizbaja, como si quisiera encontrar en el suelo las respuestas a todas sus interrogantes ó dudas; al día siguiente, a la misma hora, volví a mirarla, estaba en el mismo lugar, sentada sobre las raíces de aquel  enorme árbol.

Pasaron los días, se acabaron  las  vacaciones  y todos  los  “chavos”  teníamos  que  regresar  de nuevo  a  clases, aparentemente todo volvía a la normalidad.

Un lunes  por  la  mañana  salí  camino  a la  escuela, iba  apenas a  una  cuadra  de  mi  casa  cuando  a lo  lejos  miré  a la  enigmática joven  con  unos  libros  bajo  el  brazo;  caminé  hasta  llegar  muy  cerca  de  ella,  intenté  hablarle pero tuve miedo de asustarla;  la seguí como  una sombra, como un ángel  guardián.  Grande  fue  mi  impresión  al  ver  que aquella bella chica entraba  a las  instalaciones  del plantel; de mi querida escuela donde yo estudiaba el Bachillerato. Al verla,  mis  compañeros  se  quedaron admirados,  atónitos  y al  mismo  tiempo  me  decían  vulgarmente:  -preséntala  “wei”, “chale carnal”, está “chida” parece artista de cine, ¿donde la encontraste?-  ella  haciendo  caso  omiso  a  sus  piropos y a la algarabía que provocaba siguió  caminando,  todos  estábamos  muy  alegres  de  haber  regresado  de nuevo  a  clases,  de  saber  que  era  el  ultimo  año  que pasaríamos juntos y  que  pronto  deberíamos cursar una carrera en la Universidad.

Entramos  al  salón  de  clases,  todos  estábamos platicando de nuestras aventuras, de lo que vivimos en el período de   vacaciones. cuando de pronto vimos  entrar a la maestra  con  aquella  joven con cara de niña; mi corazón dio un vuelco  cuando  escuché  a  la  maestra  que  presentaba  a la  nueva  compañera  de nombre: Yuridia  Olmedo Franco,  todos  le  brindamos  un  aplauso  de  bienvenida; luego en coro  le  pedimos que hablara para saber cual era su impresión sobre su nueva escuela, yo estuve observándola fijamente, casi sin parpadear, era notorio su nerviosismo  porque  trataba de esquivar o esconder su mirada.

Su voz sonó como un melodioso susurro, me sonó como el canto del arroyo que baja de la montaña, sólo recuerdo que dijo que le daba gusto entrar a nuestra escuela, que le parecía muy bonita, después ya no supe que fue lo que dijo, estaba yo embobado con su imagen, con su bello y melancólico rostro; me dio la impresión de que era una chica muy sensible y muy inteligente. Por mi parte, yo me considero un chico sensato, romántico, amistoso, de buenas costumbres y sobre todo, respetuoso,  de pronto, me sentí feliz de saber que muy pronto podría  llevarme  muy  bien  con  ella, de cargarle sus libros, de invitarle un refresco, en fin…¡tantas cosas!

Al oír  tocar  el  timbre  de  salida,  guardé todos mis  libros y caminé hacia donde se encontraba con  el firme propósito de entablar con ella una sincera amistad, si embargo, al llegar donde estaba platicando con una compañera, mi imagen se reflejó en un vidrio del ventanal que estaba a sus espaldas, y me hizo recordar el color de mi piel morena. se me fue la voz, mi boca se negaba a expresar palabra alguna, di un sesgo y me dirigí hacia otro lugar, ¡estúpido!, me dije a mí mismo. Siempre era igual, el psicólogo de la escuela me decía que yo tenía un fuerte complejo de inferioridad que debía superar, ya que todos, (me decía) somos iguales. Pero eso para mí, era muy difícil de superar.

Pasaban los días, el fin de cursos estaba cerca, todos se preparaban y planeaban para la  graduación; en clases, yo  seguía pensando  en Yuridia, en invitarla a cenar y a bailar en la  noche, juntos los dos bajo el manto azul de donde penden las estrellas  y  la  luna;  sin  duda  seria  una  velada  bellísima.

Los días pasaron muy rápido, remolcados por el vagón del tiempo… ¡Al fin!  La fecha tan esperada llegó,  todos  estábamos  felices  en  especial  yo;  todos estábamos sentados a un costado de la mesa de honor, vestidos de gala, era el último día que pasaríamos lista en nuestra escuela, la cual estaba alegremente adornada para despedirnos, me sentía entre alegre, ansioso, triste, nostálgico, una mezcla de todos estos sentimientos inundaba mi ser, sin embargo, no dejaba de sonreír;

con la mirada busqué a Yuridia, al mirar hacia atrás, en la siguiente fila...¡ahí estaba, radiante! Bella como ninguna,  apenas iba a decirle algo, cuando escuché una voz dulce y  tierna  que  salía  de  su sensual boca: - ¡hola, como estás!-, mi corazón parecía que se me iba a salir del pecho cuando contesté -¡hola!, - ¿Estas  tan  emocionado  como  yo?-, -si  por supuesto- le dije al tiempo que le preguntaba, ¿qué harás después de la ceremonia?, -iré a comer con mis tíos y ...¡ya!,- oye, te invito a salir hoy por la noche a caminar por el parque, que dices ¿aceptas?, -sí, claro, ve por mi a las ocho, ya sabes donde vivo- ¡sí! Entonces, te veo a las ocho.

¡Era increíble! ¡Me dijo que sí!, me moría de la emoción al saber que pasaría por ella en  la noche, en ese momento me olvidé de mis traumas y temores, de mi color, de ¡todo!. Sólo pensaba en ella. Después de la ceremonia, mis padres, mis hermanos y familiares me felicitaron y todos degustamos una rica comida preparada por mi madre, pero yo no me concentraba, mi mente estaba en otro lugar.

Llegué puntualmente a las ocho, cuando la vi salir me di cuenta que era la niña de mis  sueños, la más hermosa de todas las mujeres; con su vestido rojo que le dibujaba su  exquisita figura, la tomé de las manos y caminamos a los lugares más bellos de mi pueblo, pasamos frente a la iglesia, nos sentamos en una de las bancas del pequeño parque, le compré un algodón de azúcar, ella reía con una alegre y cristalina risa, que inundaba mis oídos, después me pidió que la acompañara a recorrer la ribera del río, así llegamos hasta aquel árbol que se encontraba casi frente a mi casa, en donde yo la vi por primera vez, nos sentamos en una de las raíces que sobresalía de la tierra; la vi tan alegre y efusiva, que  ahí,  le  declaré  mi  amor y le pedí que fuera mi novia, ella se me quedó viendo y con un dulce acento en su voz, que no olvidaré jamás, me dijo que sí! Todo estaba perfecto, la sentía bella como la  noche, brillante  como  las estrellas y a nuestro derredor, las luces que llegaban de las casas cercanas, semejaban velas que iluminaban nuestro amor, luces que junto con el viento, jugaban con el cabello  de  mi  amada  Yuridia. No hubo  champaña, el platillo fuerte y el postre de ese día fueron las caricias que nos prodigamos; me confesó que al igual que yo, eran los primeros besos de amor que alguien le daba.

Una música  romántica se escuchó a lo lejos, música de guitarras y una melodiosa voz que decía: “por buena suerte te encontré/ en mi camino/ y desde entonces yo soñé/ que fueras mía”, yo tomé sus delicadas y blancas manos que contrastaban con las mías y bailamos tan pegadito que quería incrustarla en mi pecho. Un   dulce y suave beso selló aquella noche nuestro naciente amor.

El viento empezó a soplar muy suavemente, después más fuerte, de pronto empezaron a caer gotas de agua,  parecía que el cielo quisiera participar de nuestra  felicidad; los dos corrimos hacia el caserío y nos refugiamos en el quicio de una puerta que se encontraba cerrada, quedamos los dos muy juntitos, aspiraba yo su perfume y su aliento y no sabía cual era más agradable; entonces ella me dijo, -cuéntame de ti-, -bueno, soy un chico serio, un tanto introvertido, pero me gusta hacer amigos, soy responsable en la escuela y en la casa,  aunque no somos ricos, mis padres me dan todo lo que necesito para estudiar y yo les correspondo poniendo empeño en las labores escolares.

-Ahora tú, dime ¿qué hacías bajo nuestro árbol?-  un velo de tristeza ensombreció sus ojos al tiempo que decía: -hasta hace unos meses, era yo la chica más feliz de la tierra, hija única; mis padres me querían y me cuidaban; con ellos, al igual que tu con tus padres, tenía todo. Pero un triste día, salieron en su auto a una ciudad vecina y en el trayecto los asaltaron, los asaltantes no se conformaron con su dinero, sino que les quitaron también la vida, al no tener más parientes en la ciudad, tuve que venirme a vivir con mis tíos, mi vida cambió por completo, extraño mucho a mis padres. Sólo hasta que te conocí empecé a ver la vida diferente, adiviné que me querías desde el primer día en que nos conocimos, me agradó que respetaras mi dolor, la segunda vez que nos vimos en la escuela y no te atreviste a hablarme; supuse que tú también tenías un problema con tu color de piel y eso me enterneció. Quiero decirte que a mí no me importa el color de la gente, me gustas porque tienes un buen corazón, porque sé que eres responsable y un hijo cariñoso, que al respetar a tus padres demuestras que eres humano y sensible, mis tíos también te tienen en muy buen concepto; por mi parte, he visto como te esfuerzas y tratas de superarte en la escuela. ¡por eso te quiero!-,

Me dejó sin aliento, me había descrito como yo también pienso que soy, me sentí feliz de haberla conocido, de saber que me quería, que me amaba, estaba tan contento que no sentí cuando se desprendió de mis brazos y corrió otra vez hacia el árbol, a media calle me gritaba ¡ven, alcánzame! Cuando de pronto; se oyó un horrible estruendo al mismo tiempo que una luz cegadora   inundaba mis ojos, cuando los abrí, Yuridia estaba tirada a media calle, ¡la había tocado un rayo! Todo mi ser se estremeció, corrí al tiempo que gritaba, ¡Dios mío…no! ¡Yuridia, no! La tomé entre mis brazos, su pelo y su cara presentaban horribles quemaduras, ¡no Yuridia, no me dejes!. Cuando de pronto sentí unos golpes en mis costillas, en mi cara; -despierta Javier, despierta! ¿Qué son esos gritos? 

Otra vez te agarró la pesadilla ¿verdad?, levántate que hoy es el día de la clausura y se te hace tarde. ¡Santo Dios! Todo había sido un sueño, cuando aún percibo su cálido aliento y su perfume, si todavía tengo en mis labios el sabor de sus besos.

Estoy sentado junto con mis compañeros frente al presidium de honor, el conductor de la ceremonia de clausura realiza el último pase de lista, regreso a ver hacia atrás; no está, nunca estuvo. Sin embargo hoy me siento liberado de mis temores y traumas, ahora tengo la certeza de lo que valgo y de lo que soy, que habrá alguien que se fije en mí por los valores que llevo dentro. Escucho mi nombre, me levanto y camino con paso firme, seguro, con la frente en alto… ¡Yuridia, algún día te encontraré! 

HISTORIAS DE MI PUEBLO:

VIDA Y OBRA DE DON MELQUIADES BAUTISTA HUERTA:

ISAÍAS LOPEZ ABUNDIS.

 

Don Melquíades Bautista Huerta, Nació en Azoyú Gro., el día 04 de diciembre de 1882, y murió el 19 de octubre de 1975. Se casó con la Sra. Dolores Priego, quien nació en Azoyú, hija de padres Chilapeños.

Sus padres fueron el Sr. Manuel Bautista Almazán, y la Sra. Francisca Huerta. Sus abuelos paternos fueron el Sr. Felipe Bautista Herrera y la Sra. Mercedes Almazán Patrón, originarios de Olinalá Gro.,

El niño Melquíades quedó huérfano a la edad de 7 años, conoció e hizo amistad con los niños Caritino, Eduardo, José y Efrén, hijos de la Sra. Fortunata L. Viuda de López, familia económicamente encumbrada y muy trabajadora; fue tanto el cariño que le tomaron que se lo llevaron a vivir con ellos, ahí Melquíades aprendió el oficio de panadero, también lo relacionado a la cría de ganado vacuno, caprino y porcino, y al comercio en general, fue un hijo más que ayudaba con afán en TODAS las labores relacionadas a la familia, su pago fue, precisamente aprender con la práctica y el asimilar las experiencias vividas. Cuando cumplió la mayoría de edad, se independizó, es decir, empezó a trabajar por cuenta propia: se dedicó al campo y al comercio de pieles de ganado vacuno, viajaba a Tlapa de Comonfort, Gro. A donde llevaba grasa y pieles, y regresaba con mantas, azúcar y otros productos que comercializaba en Azoyú.

Al estallar la revolución de 1910, ya casado, junto con su esposa y su pequeña hija Adelina, se fue a refugiar a Ometepec, Gro, donde hizo muchos amigos, sin embargo, Ometepec era una plaza muy importante para los revolucionarios y para el gobierno, así que el peligro era latente y tuvo que marcharse con su familia hacia Metlatónoc, donde se dedicó a las labores del campo.

Terminada la Revolución, regresó a su pueblo natal, Azoyú, donde retomó sus actividades del campo, la ganadería, la panadería y el comercio, obteniendo excelentes resultados gracias a su empeño, responsabilidad y dedicación. Por esos años, nacieron sus hijos Manuel, Medardo, Melquíades, David y Humberto. Amasó una considerable fortuna, ya que llegó a tener aproximadamente 1000 reses, (de las cuales, en el año de 1936 se le murió el 90% a causa del “derriengue”) además de ganado caprino, equino  y porcino, luego como aficionado, tuvo una buena cría de gallos de pelea, restableció sus relaciones comerciales con Tlapa; comercializó las famosas cervezas “Saturno”, el vino lo traía desde Huitzuco, Gro., en castañas de 30 litros por la vía de Tierra Colorada-Ayutla-San Luis Acatlán-Azoyú; posteriormente recibía la mercancía que compraba en Acapulco (la cual trasladaban en barco) en la Barra de Tecoanapa, para ello, abrió brechas que comunicaron Azoyú-Juchitán-La Cuchilla-La Barra, y Azoyú-Juchitán-Marquelia-La Barra, de esta manera pudo trasladar a lomo de mulas dicha mercancía, él precisamente se convirtió en “arriero” y a partir de entonces nada se le dificultó para recibir la mercancía que le llegaba incluso desde la Ciudad de México. Al estar constantemente en La Barra de Tecoanapa y notar la abundancia de la pesca de Huachinango y Robalo, se propuso comercializarlos, para ello los pusieron a salmuerar, construyeron tapancos de madera y ahí los salaban, después los sacudían y guardaban en sacas hechas de petate para trasladarlos a otras partes del estado, incluso del país. Fue don Melquíades un hombre visionario y emprendedor, junto con don Aurelio Flores, introdujeron los primeros carros automotores para trasladar hacia Acapulco la carga y el pasaje de la Región.

VIDA Y OBRA SOCIAL:

Don Melquíades Bautista, siempre fue un hombre humilde, sencillo, solidario con las causa nobles, hacía el bien sin mirar a quien, participaba activamente en las fiestas del pueblo; en la fiesta mayor que es el día ocho de mayo, de su propio peculio, ofrecía una comida para los comerciantes que llevaban a expender su mercancía a dicha feria, y todavía, a quien le sobraba mercancía, ¡él se las compraba!

Sin ser funcionario público, ayudaba lo mismo en la construcción ó reparación de la Iglesia ó de la Escuela del lugar, se ganó el cariño de los habitantes de Azoyú y de todo el municipio y la Región. Cada día de su cumpleaños, los niños y maestros de la escuela iban a cantarle las tradicionales mañanitas.

En el año de 1922, Don Melquíades es presidente Municipal, y en poco tiempo (anteriormente el período era de un año) realizó innumerables obras entre las que se mencionan la reconstrucción del Palacio y el Mercado Municipal, se construyó el Zócalo al cual lo rodeó con plantas de ornato y rosales, introdujo la red de agua entubada que se trajo desde la comunidad de el Zapote Negro, así como la fuente de agua potable, (una fuente que todavía existe y que guarda tantos recuerdos y tantas historias) organizó encuentros deportivos contando con la participación de las poblaciones aledañas, llevó a cabo jugadas de gallos enmarcadas en las fiestas del pueblo. Realizó gestiones para que jóvenes de Azoyú se fueran a estudiar a la ciudad de México la carrera de maestros, logrando algunos su objetivo. Hizo traer a un señor de nombre Rosendo, de Amozoc, Puebla; quien era mecánico y además fabricaba frenos, espuelas y otras artesanías relacionadas a los caballos, y a un jabonero para que enseñaran estos oficios a la gente del pueblo que así lo deseara. Trajo a un maestro de primaria de Olinalá, el Profr. Juan Coronel, para que enseñara a leer y escribir a los niños de Azoyú. Construyó la portada del panteón Municipal, poniéndole la imagen de San Miguel; el albañil de dicha obra fue Don Vidal Ramírez, padre de Indalecio Ramírez, “El Indio de Igualapa”

En el año de 1932, se formó la Colonia de Marquelia y Don Melquíades contribuyó con el Sr. Nabor Ojeda y el Sr. José López, y otras personas, para que fuera una población modelo; sin embargo, esto no se concretó debido a que falleció el Ing. Del Valle, quien iba a financiar dicho proyecto.

Tiempo después, se construyó el Campo aéreo de Juchitán y con ayuda de sus hijos David y Melquíades Jr., llevaban marranos y chile seco a Puebla y traían de allá harina, azúcar y otros artículos de abarrote. Con la ayuda también de su hijo David, construyó ó abrió la brecha que hoy comunica a Azoyú con Cuanacaxtitlán y Arcelia del Progreso. Influyó para que se construyera el campo de aviación de Azoyú. Compró de su dinero una casa y un potrero en Zoyatlán, posteriormente donó la casa para que construyeran la escuela, y el potrero se lo regaló a Don Meño Díaz, quien habría sido su vaquero.

Se comprometió a formar una orquesta y trajo de Ometepec al maestro Polanco, y en seis meses Azoyú contaba ya con su orquesta a la que pusieron el nombre de la diosa de la música “Euterpe” los primeros músicos fueron Agapito Salinas, Hilario y Vicente Quintero, Manuel y Primitivo Rodríguez, Luis Portillo, Ezequiel Jiménez y David Gutiérrez, en los años cuarenta llegó la misión cultural, así se reforzó dicha orquesta con otros músicos como: Gabriel y Ramón Estrada, Francisco Santos, Francisco Castellanos, Isaac Quintero, Isaías López Oliva, (mi padre); Melquíades Y Humberto Bautista y el maestro Panuncio Adame, y Don Melquíades siempre estuvo patrocinándolos. Igual a la gente de La Barra de Tecoanapa les regaló instrumentos para una banda musical y les llevó un maestro para que les enseñara a tocarlos; a los Magallones de Huehuetàn, tambièn les ayudò.

Entre sus apuntes y memorias menciona a sus amigos de Ometepec, Acapulco, Ayutla, San Marcos, Igualapa, La Barra de Tecoanapa, Tlapa, Chilpancingo, Cruz Grande, en fin... toda la Costa Chica, así como del Estado de Puebla, del estado de Morelos, de la Ciudad de México, y de ciudades de otros estados, para enumerar sus nombres no me alcanzaría el espacio. Mi padre, que trabajó con él en su tienda, nos contó que quemaba libros y libros que contenían la relación de gente que le adeudaba dinero, sin embargo, jamás dejó de tenderle la mano a la gente que necesitaba de su ayuda; comida, medicina, ropa, nadie de su casa se iba con las manos vacías. Siempre mostró sentido del humor y una ecuanimidad digna de admirar.

VA DE ANÉCDOTA; (una de tantas)...

En Azoyú existió un carpintero que tenía una casa de adobes, pero le faltaban las puertas, un buen día llegó Don Melquíades a verlo, -buenos días señor carpintero,- buenos días don Melquíades! Que se le ofrece? –mira- le dice don Melquíades, -necesito que me hagas unas puertas-, - si señor- le dice el carpintero, ¿y las medidas?, mira, para que no te entretengas, tómale medidas a las puertas de tu casa, ya que son iguales a las que necesito, aquí tienes dinero para que compres madera y lo que vayas a ocupar. Cuando ya estén hechas, me avisas-, - si señor!-, le dijo el carpintero.

El carpintero se afanó y en pocos días fue con Don Melquíades: -Señor, ya están sus puertas!-, a lo que Don Melquíades le contesta muy serenamente, -Mira amigo, pégalas en tu casa, y me dices cuánto es lo que te debo. Y el carpintero entre apenado y contento, le dice, -no señor, no me debe nada. Al contrario, muchas gracias!

Como Ciudadano, señalo que las autoridades locales, me atrevo a decir Regionales y el pueblo en general, le debemos un público reconocimiento a Don Melquíades Bautista Huerta, hombre emprendedor, altruista y solidario con su pueblo;  por todo lo que hizo en beneficio de la gente de Azoyú y de toda la Región.

Cualquier comentario, al correo: isaias_la@hotmail.com.

Agradezco a la familia Bautista Arizmendi, de Marquelia, por los datos proporcionados.

 

 

 


CONOCIENDO LA HISTORIA DE AZOYU.
Investigando, encontré el presente texto; el cual tiene una gran importancia para los habitantes del pueblo de Azoyú, para la Región Costa Chica, y para nuestro estado de guerrero. Por ello considero pertinente compartir dicha información para tener un conocimiento más amplio y fundado sobre los orígenes de tan importantes documentos que narran la historia de nuestro pueblo Azoyuteco.
Y esta, es apenas una Breve crónica de cómo fueron encontrados los códices, mismos que después de haber sido estudiados por la Doctora Constanza Vega Sosa, y dados a conocer en 1991, revelan toda la odisea que vivieron nuestros ancestros en aquella época.
 


Historias de los CÓdices Mexicanos
Manuel A. Hermann Lejarazu

Los Códices de Azoyú y el Lienzo de Tlapa

 

Tres valiosos documentos, procedentes de la zona tlapaneca del actual estado de Guerrero, han ayudado a reconstruir parte de la historia prehispánica y colonial de una de las regiones menos estudiadas de la antigua Mesoamérica. La historia reciente de estos manuscritos comienza a mediados de 1940, cuando se efectuaban las labores de deslinde de los límites ejidales de la comunidad de Azoyú, en la Costa Chica de Guerrero. El encargado del levantamiento de los terrenos era el ingeniero Francisco Rodríguez Reyes, funcionario del entonces Departamento de Asuntos Agrarios del gobierno federal.
Para acreditar los derechos de esa comunidad, las autoridades de Azoyú estimaron importante entregar al ingeniero Rodríguez Reyes cuatro páginas de un manuscrito pictórico que consideraban parte de los títulos que amparaban la posesión de sus tierras. No obstante, Rodríguez Reyes, al regresar a la ciudad de México, se puso en contacto con el historiador Salvador Toscano con la intención de venderle las hojas sueltas del códice que le habían entregado. Toscano convenció a Rodríguez Reyes de que gestionara la venta de los documentos con el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, cuya sede aún se ubicaba en la calles de Moneda número 13.
Alfonso Caso, a la sazón director del inah, se hizo cargo de la transacción y compró por la cantidad de 350 pesos las cuatro páginas en agosto de 1940. Sin embargo, el propio Rodríguez Reyes afirmaba que todavía existían más códices en la comunidad de Azoyú, incluida una “manta” con pinturas.
Después de una “expedición” fallida encabezada por Jiménez Moreno, Agustín Villagra y Salvador Toscano para llegar al pueblo de Azoyú, el licenciado Alfonso Ortega Martínez, abogado consultor del INAH, se trasladó a Azoyú en noviembre de 1942 para entrevistarse con Irineo Germán Roque, quien, además de haber sido presidente del comisariado ejidal, era descendiente directo de los antiguos señores y caciques de Azoyú y heredero de los códices que mantenía en resguardo a nombre de la comunidad. Ortega Martínez convenció a Irineo Germán de que le prestara los códices para revisarlos en la ciudad de México y le aseguró que después se los devolvería. Para mediados de diciembre de 1942, Ortega Martínez entregó a las colecciones del museo los dos códices que hoy se denominan Azoyú 1 y 2, así como la “manta pintada” que se conoce actualmente como Lienzo de Tlapa y diversas piezas arqueológicas, entre ellas vasijas, cajetes y esculturas de barro procedentes de Cerro Guayabo, cercano a la misma comunidad de Azoyú.
Las cuatro hojas sueltas que habían sido vendidas por Rodríguez Reyes formaban parte del Códice de Azoyú 1, actualmente conformado por 38 hojas de papel amate, mientras que el Códice de Azoyú 2 únicamente está integrado por 15 folios del mismo material.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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• Manuel A. Hermann Lejarazu. Doctor en estudios mesoamericanos por la UNAM. Investigador en el CIESAS-D.F. Se especializa en el análisis de códices y documentos de la Mixteca, así como en historia prehispánica y colonial de la región. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Investigación; Isaías López Abundis
 



“HISTORIAS DE MI PUEBLO”

SUCEDIÓ EN TODOS SANTOS.

ISAÍAS LÓPEZ ABUNDIS

 

DE LAS ARRUGAS INDESEABLES, PREMATURAS,

QUE A MI MENTE SIN NOTARLO LE HAN SALIDO,

SACO ESTA HISTORIA QUE EN MI NIÑEZ HUBE SABIDO

UNA TRAGEDIA QUE SE TEJIO EN LA NOCHE OSCURA.

 

Año del sesenta y dos/ sin tener motivo alguno/ en Azoyú sucedió/ sin esperarlo ninguno/

el comandante Negrete/ a Goyo Godínez mató.

 

Azoyú es un pueblo lleno de costumbres y tradiciones, tranquilo y apacible, pero como parte del Guerrero “Bronco”, también se sabe “enchandar”, sólo que en Azoyú, el que la hace la paga; no como en otras comunidades, que cuando alguien causa un mal, (el que la hace) si no lo encuentran para hacerle pagar, se cobran hasta con el de la cuna.

Por aquellos tiempos, en las cabeceras Municipales existían “Pelotones de Defensa Rural” que hacían rondines para resguardar el orden y auxiliar a las policías Municipales en cuestiones propias de la paz y seguridad de los habitantes de la comunidad. Dichos grupos de Defensa Rural, a finales de los años 60, fueron desarmados por el gobierno con el pretexto de cambiarles las armas por otras más modernas, nuevas ó actuales...hasta la fecha!

Era el día 2 de noviembre de 1962, el Comandante Gregorio Godínez Lanche, al frente del pelotón de la defensa rural de Azoyú, se dirigía hacia Ometepec haciendo un recorrido de seguridad, por el camino del Machauite, más delante de esta comunidad iban, cuando les dio alcance Constancio Pablo Nabor, -¡Goyo..Goyo! espérate, vengo por mandado de tu hermano Cruz de Jesús Godínez, dice que se regresen pa´Azoyú, porque en Ometepec hay problemas que a ustedes no les competen-.

El comandante Gregorio le pregunta a su personal, Ustedes que dicen compañeros, -¿nos regresamos, o le seguimos pa´Ometepec,?- todos estuvieron de acuerdo en que obedeciera la recomendación de su hermano, así que se regresaron, rayando el sol llegaron a Azoyú, entrando al pueblo Goyo les dice a todos: -vayan a sus casas a dejar las armas y nos vemos en el domicilio de mi hermano Santa Cruz,- ya cuando estaban todos reunidos, Goyo le pregunta a su hermano -¿por qué mandaste a Constancio a regresarnos?-, -Es que Don Aníbal López me mostró un periódico donde dice que en Ometepec hay problemas-. A lo que Goyo contesta, -¡hombre, a lo mejor se trata de una mentira!, pero bueno, mejor vamos a tomarnos un trago de aguardiente con valeriana ó un “torito” a casa de Demetrio Rendón, yo los invito muchachos-, ya estaban tomando aguardiente en casa de Demetrio cuando se oyeron unos disparos en el centro del pueblo, ahí Lorenzo Herminio le dice a Goyo, -hay que ir por las armas- Gregorio les dice, -no sean cobardes, mejor vamos donde mi prima Eloína Medel a oir unos corridos en el tocadiscos. Hacia allá se fueron, pidieron cervezas y estaban escuchando los corridos cuando llega el comandante de la policía Municipal, un tal José Negrete, (quien no era de Azoyú, y según andaba tomando también), con su segundo comandante y demás palomilla. El comandante Negrete, al ver que el Comandante Goyo y los de la Defensa Rural estaban tomando cervezas, le dice a la dueña del local -¡cervezas para todos, yo pago!-, ahí dice Porfirio de Jesús de la Cruz, sobrino del comandante Goyo, -yo prefiero aguardiente-, y se para a comprar una “media”, entonces un amigo del comandante Negrete, le quiso quitar la botella de aguardiente a Porfirio, al ver esto Gregorio le dice a aquel fulano –deja a mi sobrino que tome lo que quiera, yo respondo por él-. El comandante Negrete le dice a Goyo, -¿quién es él? Por qué lo defiendes?- entonces se oye la voz enfadada de Juan Patricio Bautista, (policía de la defensa) -¡aquí no valen los forasteros, aquí vale la Defensa Rural del pueblo.

Ya enojado, el comandante Negrete se dirige a Gregorio y le pregunta -¿tú eres el comandante de la Defensa Rural?- Gregorio, con voz firme y segura le contesta;: -¡sí!,- fue cuando el comandante José Negrete sacó su pistola y a mansalva le dio un balazo a Gregorio en la tetilla izquierda, enseguida el segundo de Negrete le vació también el cargador de su pistola a Goyo, pistola en mano salieron al grito de ¡quien otro quiere morir?

Enseguida, la palomilla de la Defensa salieron por sus armas, Lorenzo Herminio pasó a casa de Crispín Hernández Vicente, quien era el comandante de la segunda compañía, (otro grupo de reserva) para que le entregara la escopeta que el General Jesús Monroy le había regalado al grupo de la Defensa Rural, entonces dice Crispín, -oye, con Praxedis Peña Ibarra, yo la tengo empeñada.-

A eso de las 11.00 de la noche, la Defensa ya armada, se organizaron para capturar al asesino, Silvano Martínez Roque y su cuñado Angel Santiago lo encontraron en la comandancia y lo desarmaron sin darle tiempo “a poner mano”,. El segundo comandante sostuvo una balacera cerca de la comandancia, con otros miembros de la Defensa Rural, como pudo se les escapó, más adelante se topa con Guillermo Zavaleta, quien hace el intento de dispararle pero su “cerrojo” no tronó, en cambio el segundo comandante le disparó a Guillermo, pero no le dio, nomás le ahumó los cachetes.

El ambiente en Azoyú era pesado, era noche de “Todos Santos” y hasta los difuntos se cuidaban de alguna bala perdida. La gente sin saber que pasaba, se encerró en sus casas, afuera la balacera era cerrada y nutrida, sonaban las tejas donde caían las postas de las balas de escopetas, los rezos eran ahora por los difuntos y por los vivos que corrían peligro; la danza de la tortuga ya no salió a dar su recorrido.

Los de la Defensa se regresan a la comandancia de la policía Municipal donde ya tenían a José Negrete, y le preguntan hacia donde se dirigía el segundo comandante, a lo que contestó que se iban a ver en Marquelia. Sin dilación, caminando se dirigieron hacia la barranca del “Pozo Muerto”, ahí alcanzaron al segundo comandante de la Municipal; quien por alguna razón se entretuvo, sin miramientos le dispararon y cayó muerto, el mismo grupo de la Defensa lo levantó y lo llevaron a la comandancia, donde se hizo cargo el Síndico Procurador Municipal el Señor Felícito Martínez, y al día siguiente tuvo conocimiento el Presidente Municipal, el Señor David Bautista Priego.

El día 3 de noviembre, nueve pelotones de la Defensa Rural se dieron cita en Azoyú, para dar cristiana y fiel sepultura a un hombre muy estimado y valeroso, a quien en vida contribuyó para preservar la paz y la seguridad de sus conciudadanos, a quien fuera comandante de la Defensa Rural de Azoyú, el Señor Gregorio Godínez Lanche. Su sepelio coincidió con la “llevada de las flores”, el panteón estaba lleno de gente y las tumbas adornadas y vestidas de amarillo.

Sus soldados ó policías fueron: Crispín Hernández Vicente, Guillermo Zavaleta Roque, Jesús Hernández Mayo, Silvano Martínez Roque, Juan Patricio Bautista, Agustín Domínguez, Irineo de la Cruz Santiago, Emilio Bautista Canuto, Lorenzo Herminio Bautista, Maurilio Santiago Bautista y Alvaro de la Cruz Bautista. Un reconocimiento a todos ellos!.

Señores ya me despido/ ya les conté mi versión/ un “día de muertos” florido/ Goyo murió sin razón

Agradezco al Profr. Juan Godínez, y al Señor Lorenzo Herminio Bautista, por proporcionar los datos de este triste y lamentable suceso.

 

viernes, 9 de marzo de 2012

ADIOS; MAESTRA…DE LA LUZ!
Isaías López Abundis.
El ser humano se desliza sobre rieles paralelos…los rieles de la vida y de la muerte.
El pasado día 5 de marzo, la muerte sorprendió a la joven maestra Erika Gallardo Santana en el pueblo de La Luz, Municipio de Tututepec, Oaxaca; donde prestaba sus servicios como educadora del Jardín de Niños “Jean Piaget” de esa comunidad.
En ausencia de su esposo, quien un día anterior partiera a la ciudad capital de Oaxaca, Erika se levantó de manera violenta y sorpresiva como a las seis de la mañana del día lunes 5 de marzo. No se sabe a ciencia cierta, si a causa de una obstrucción de las vías respiratorias ó de un paro cardíaco; en su desesperación corrió a tomar a su niño de tan solo 5 meses de edad, alcanzó a dar algunos pasos y enseguida se desplomó con su pequeño hijo en los brazos.
Fue su hijita Kymberli quien asustada y llorando, avisó a sus vecinos que su madre se encontraba yerta; en poco tiempo, la noticia corrió en el pueblo de La Luz, y la esencia de “La Guelaguetza” que significa "intercambio recíproco de regalos y servicios" y se refiere a las relaciones que unen a la gente (participar cooperando); se hizo presente, sus compañeras de trabajo y habitantes de la comunidad se solidarizaron con la familia de su esposo, al tiempo que avisaban a éste, de tan triste noticia; entre todos se organizaron y velaron a la Maestra por el día y la noche de esa fatídica fecha.
Al día siguiente, martes 6 de marzo, sus compañeras de trabajo, padres de familia, niños del Jardín y autoridades civiles le organizaron y ofrecieron un sentido y póstumo homenaje en el centro educativo; posteriormente, entre llantos y porras fue acompañada y despedida a la salida de la comunidad de La Luz; manifestándole así, el cariño que ella se supo ganar.
Seguidamente,  un cortejo de entre seis y ocho camionetas pasajeras trasladaron a gente de aquel pueblo de La Luz hasta Marquelia, Guerrero, en donde radica su familia; al llegar, su madre contrita de dolor, su hermano, parientes, amigos, y vecinos le esperaban para darle cristiana sepultura. Junto a la tumba de su padre, quien falleciera en el año de 2009, quedó la maestra Erika para dar tributo a la madre tierra.
Erika Gallardo Santana, fue hija de Marcial Gallardo Gutiérrez y de Heriberta Santana Justo. Nació en la ciudad de México en el año de 1975, donde cursó sus estudios de preescolar y primaria, después, su familia se trasladó a Marquelia y aquí realizó sus estudios de secundaria y Bachillerato; posteriormente hizo sus estudios de nivel profesional en la Escuela Normal Experimental “Presidente Venustiano Carranza” de San Juan Cacahuatepec, Oaxaca. Fue miembro de la generación 1995/1996 – 1999/2000 denominada “Profr. Alberto Miranda Estrada”, de donde egresó como Licenciada en educación preescolar. Del año 2000 al 2004 prestó sus servicios en la comunidad de Yucuyache y a partir de 2004 hasta la fecha de su fallecimiento laboró en el pueblo de La Luz, Municipio de Tututepec Oaxaca, donde se casó con el joven Víctor Vázquez López. Deja en la orfandad a Kymberli de 6 años y Gabriel Vázquez Gallardo, de 5 meses de edad; le sobreviven también, su madre Heriberta Santana Justo y su hermano mayor Marino Gallardo Santana.
Por las muestras de cariño recibidas por parte de sus compañeras de trabajo, de los niños del Jardín, 
padres de familia y ciudadanos de La Luz y de Marquelia; y si es como sugiere Jorge Manríquez, en sus “coplas por la muerte” “Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar;  Erika sembró en este camino, preparó y tiene ganado un espacio junto al Creador, donde renacerá a una nueva luz!
Descanse en Paz!

domingo, 12 de febrero de 2012

CON SABOR A COSTA
ISAIAS LOPEZ ABUNDIS

En todos los pueblos, ya no digamos que de la Costa; sino de todo Guerrero, existen personajes que cuentan con alguna característica, una forma de ser muy especial, y cuentan ó expresan su sentir de manera franca sin detenerse a pensar a veces en el escenario ó situación en que las dicen y sin sentir bochorno o pena ríen o lloran pero ¡con una enjundia!...que contagian.

YA NO VA HABER.
Una morena de un pueblo de la Costa Chica lloraba a moco tendido frente a un ataúd, y sostenida por algunas amigas, así decía:
¡se murió mi máma!, ¡ayayayayay!, no lo puedo cre´é, Dio´j mío, ¡ayyyy!, Lo bueno que no de hambre, pue´j murió de empacho.  ¡ay! Lo que siento que ya no vaa ´ver quien me diga,  ¡hija! Vente a comeé, caldo de vaca con ¡plátano macho!…¡aaaayyyyy!.

EL DESAPEGO DE “BOBO”
Se murió doña Nila; una de sus hijas sale al patio  y le dice a su hijo Bobo, (así le decían), un jovencito que no coordinaba muy bien,  pero que sí se daba a entender: ¡Bobo, Bobo!, ¡ay!,  ¡se murió Mamá Nila!, y le contesta Bobo: -M´porta mi yó-,…-murió burro viejo montaba yó, contimá máma Nila no monto!.- Como diría la chilindrina…¡uuaá, uuaá, uuaá, uuaá!.

LOS NEGOCIOS DE BARBARITA,
Barbarita, -¿ya terminaste los tamales?- si “manita”, los dí fiados, ¡pero caros!, lo bueno es que no perdí porque la gallina ya la tenía, la manteca ya la tenía,  y la masa ya la tenía. Lo malo de Barbarita, es que también tenía mala memoria y después cuando alguna amiga le saludaba, -buenos días Barbarita-. Ella le decía; -buenos días, oye “manita” ¿Qué tú no me debes?, ¿Qué no te di unos tamales fiados?....AJAAA, SÍ., como decía un buen amigo…¡orí-ta!, ¡Barbarí-ta!.

 “LA TIGRA”
En el pueblo de “Ojo de Agua” ö Las Salinas, Gro., existió un amigo a quien apodaban “La Tigra”, decía la gente que era chismoso como pocos, con su vocecita como la de Chabelo platicaba: jé, yo tenía una pistola con balas incendiarias, un día le tiré un balazo a un Drago (un árbol), ¡y que se prende!; como al año pasé, ¡y todavía se ´taba quemando!.
La tigra era andariego, se paseaba por las calles de la comunidad, por los salitrales, por los caminos y veredas vecinales, cierto día iba con rumbo a la playa; Pedro, que tenía peones “chaponando” un terreno, lo ve venir y le grita: -¡hé Tigra, ven, échate un chisme!. A lo que la tigra responde: -jé, por eso no quiere uno hacé´  favor, todavía me dices chismoso, penejo, te vengo a avisá que tu máma ´tá tendida, le picó la´lacrán-. Dicho lo anterior se regresa por donde venía, dejando a Pedro con la congoja y la duda sembrada, Pedro se dirige a los peones y les dice; -´arajo, la tigra es muy chismoso, pero nomás ¡a eso vino!. Por si las dudas, voy a ir al pueblo a ver-; entonces le dicen los peones, -mejor vamos todos y sirve que te ayudamos en las “vueltas” – eran como las doce del día cuando llegaron a las Salinas, Pedro hasta iba sudando frío. Cuando llegan a la casa, sale su máma a recibirlo, - bueno hijo, ¿ya terminaron tan temprano?- -¡..´nché Tigra!, nos echó a perder el día, ¡pero me las va a pagar!. Al otro día que iba hacia el terreno, que se lo vuelve a encontrar, Pedro indignado le reclama, -oye, ..¨nche Tigra, me echaste a perder el día ayer-, -jé, pe nejo…tú tiene´ la culpa, yo iba a bañá´al Mar, pero tú me llamáj te pa´que te echara un chisme; y puéj yo, ¡OBEDIENTE!.
Que tengan un excelente fin de semana.
COMENTARIO DE UNA PELICULA
ISAIAS LOPEZ ABUNDIS

Desde hace años, la televisión Mexicana, proyecta por las fechas de “todo santos” la película de “Macario”, cinta producida en el año de 1959 bajo el slogan de “un poema cinematográfico”. Además de marcar el inicio estelar de Ignacio López Tarso quien encarna a Macario, la intervención de Pina Pellicer, quien da vida a la esposa de Macario; Enrique Lucero, quien magistralmente interpreta a la Muerte. Esta cinta encierra un mundo de reflexiones por lo rico de su trama y la interpretación de sus personajes: Macario es un hombre que representa al pobre de México y del mundo, que aunque responsablemente da de comer a su familia vendiendo leña, tiene el sueño y el hambre de comerse un guajolote el solo, sin las miradas hambrientas de sus famélicos hijos. Sin embargo cuando obtiene el poder de curar a los enfermos, no abusa, y así  lo demuestra devolviendo el dinero a la viuda de uno de sus pacientes que no pudo salvar, (cosa que entre los actuales “curanderos” no sucede). Mientras que la esposa, consciente y conocedora del hambre y del deseo de Macario, llega a robar el guajolote para cumplirle el sueño a su hombre, no obstante cuando palpa la bonanza que da la riqueza, le dice a Macario _¿por qué no mejor nos volvemos a la otra casa? Presintiendo que aquella fortuna encerraba cierta maldición; y es que la riqueza y el poder; si no se saben manejar, acaban destruyendo al hombre y a su entorno.
Podemos ver en la escena de la cueva repleta de velas donde la muerte con sarape y sombrero, cuida ó vigila a aquellas que imaginariamente representan las vidas de cada uno de los mortales, y de la que se va extinguiendo, acude de inmediato a recoger su alma. Cuando Macario mira la vela que le corresponde a su vida que está a punto de extinguirse, trata de impedir que se apague, la muerte le dice que es inútil, que ya es hora; que unos se van tarde, otros muy temprano, toda vida tiene su fin, que de nada vale huir, y da a entender que hay un creador supremo que dicta las reglas, las leyes, el destino de cada ser.
Y en aquel acercamiento junto al cuerpo inanimado de Macario, la esposa de mirada triste, con los ojos rasados de lágrimas mira hacia el infinito, con palabras que denotan esperanza y resignación le dice…-“voy a hacer que los hijos sean como tú, hombres buenos…Macario, la vida no fue fácil; pero fue bueno vivirla juntos”.