sábado, 2 de febrero de 2013


EL DINERO Y LA FELICIDAD

León Tolstoi, fue un novelista ruso considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. De él, encontré un relato muy aleccionador al respecto,  he aquí una versión corta de:

“El Zar y la camisa”

“Un zar, hallándose enfermo, dijo: --¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure!
Entonces todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para buscar la forma de curar al zar, mas no encontraron medio alguno. Uno de ellos, sin embargo, declaró que era posible curar al zar. --Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz --dijo--, quítesele la camisa y que se la ponga el zar, con lo que éste será curado. El zar hizo buscar en su reino a un hombre feliz. Los enviados del soberano se esparcieron por todo el reino, mas no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron un hombre contento con su suerte. El uno era rico, pero estaba enfermo; el otro gozaba de salud, pero era pobre; aquél, rico y sano, quejábase de su mujer; éste de sus hijos; todos deseaban algo. Cierta noche, muy tarde, los emisarios del zar, al pasar frente a una pobre choza, oyeron que alguien exclamaba:  --Gracias a Dios he trabajado y he comido bien. ¿Qué me falta? ¡Soy feliz!  El hijo del zar sintióse lleno de alegría cuando le dieron tal noticia; inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien en cambio había de darse cuanto dinero exigiera. Los enviados se presentaron a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa; pero el hombre feliz era tan pobre… ¡que no tenía camisa!”

A continuación les comparto también, el siguiente cuento; cuento que se ha transmitido por los abuelos, de generación en generación:

“Había una vez un hombre muy rico, que digo rico; millonario! que desde el balcón de su casa que parecía un palacio, avistaba la choza de su vecino, el cual era un hombre humilde y muy pobre; que apenas ganaba para subsistir, por la mañana iba al campo a labrar la tierra y por la tarde, se acostaba en su hamaca a cantar y a tocar su guitarrita; mientras su mujer le echaba tortillas en el comal para que comieran con su hijito. A pesar de su pobreza, la felicidad de aquella pobre pareja era evidente.

Un buen día, el hombre rico le dijo a su esposa, -Mujer, he decidido ayudar a nuestro vecino, le daré una bolsa con monedas de oro, para que pueda emprender algún negocio, y le de una mejor vida a su familia-, la esposa estuvo de acuerdo y al otro día, muy temprano el hombre rico se presentó en la choza de su vecino. –Buenos días vecino-, el pobre no atinaba a responder, -bue…buenos días señor; que se le ofrece?-, -pues mire vecino, he venido a ayudarle. He observado la pobreza en que viven y le traigo esta bolsa de monedas de oro, para que emprenda algún negocio, compre ganado vacuno o porcino, o se dedique a la cría de aves, no sé, lo que usted quiera hacer; págueme cuando pueda-, -oiga pero yo no…-, -nada, nada vecino, no se preocupe, ya le dije que quiero ayudarles desinteresadamente. Me voy, hasta luego-. Y se alejó dejando al pobre hombre perplejo, anonadado; regresó a ver a su mujer y ella se encogió de hombros. Por primera vez el hombre dio un vistazo a su casita y se dio cuenta de la inseguridad que presentaba; la puerta era endeble, las paredes tenían algunos agujeros por donde se podía ver hacia el interior; aquel interior que parecía exterior (pues no había nada), él era muy conocido y estimado por la gente del pueblo, y como era pobre nadie le envidiaba nada, pero en un pueblo chico… todo se sabe!.

Aquella noche la guitarrita ya no se escuchó, él no durmió cuidando la bolsa de monedas. Al otro día muy temprano cavó un hoyo en la tierra y enterró el motivo de su preocupación y desvelo; no fue a trabajar al campo, no fue a traer agua al arroyo, pasaron los días; la leña se estaba acabando, la comida también. Un día le dijo su mujer, -vete a dejar ese dinero porque nos vamos a morir de congoja, de hambre y de desvelo-, ni tardo ni perezoso aquel hombre pobre desenterró aquel desgraciado tesoro y lo llevó a su vecino, al hombre rico que quiso ayudarlo. Señor, yo le agradezco su intención de ayudarme pero yo quiero seguir siendo feliz como antes; dormir y levantarme sin congojas, trabajar acompañando la travesía del señor sol, descansar cuando él descansa y disfrutar de una buena comida en compañía de mi mujer y de mi hijo, cantarle a Dios por las tardes para agradecer los dones recibidos, y bendecirlo por las mañanas por darme un nuevo amanecer-. Y se alejó tal y como el hombre rico lo había hecho cuando fue a dejarle aquella bolsa de monedas. Por la tarde, se volvió a escuchar aquella alegre guitarrita. La vida ha seguido su curso a través del tiempo y los hombres aún continúan viviéndola cada quien con su propia filosofía.

*A través de la historia el dinero ha tenido un rol protagónico en la vida humana. La educación, la salud, el trabajo, la producción, etc. han dependido y están cada vez más influenciados por el factor dinero. Pero aunque tengamos el dinero suficiente como para no preocuparnos, a veces se convierte en una adicción, aunque el dinero sea un medio y no un fin y su destino sea la circulación. La expresión máxima del materialismo es el dinero y su sentido es el consumismo. Sin embargo, hay cosas que el dinero no puede comprar, que no son tangibles ni enajenables, como los sentimientos, los afectos, el amor, la compasión, la compañía de alguien a quien se quiere, etc.

Lo mejor de la vida no tiene precio; la salud, la amistad, un día de sol, una noche de luna, el cielo estrellado, la primavera; los colores del otoño y el buen humor también son gratis, sin embargo hoy en día todo eso no nos alcanza para sobrevivir. La forma en que nos relacionamos con el dinero determina nuestros valores y el lugar que le damos en nuestras vidas y la importancia que tiene para nosotros expresa nuestra forma de ver el mundo. El dinero significa poder. El poderoso necesita dinero para sentirse superior, en cambio un delincuente sólo necesita un arma y curiosamente, cuando roba mucho dinero lo malgasta. Por otro lado, las encuestas dicen que para la mayoría, a la hora de buscar trabajo, el dinero no ocupa el primer lugar en importancia, porque lo que quiere es tener precisamente un trabajo que le de seguridad y sustento para él y su familia. De ahí la importancia que todos; especialmente los jóvenes, cuenten con un empleo, incluyendo a los hijos de los ricos; pues la fortuna, el éxito y la riqueza son como un “papalote” ó cometa que en cualquier momento se le puede “reventar el hilo”.

Además; si el dinero fuera la felicidad los ricos serían felices, pero muchas veces el dinero que tienen se convierte en su peor enemigo, dividiendo a su familia, creando resentimientos y envidias. Y  pueden llegar a ser esclavos de su fortuna que a menudo los suele conducir a la decadencia moral.

Pero hay que reconocer y lamentar, que las riquezas estén tan mal distribuidas en todo el mundo. En conclusión; podemos decir que no tener dinero es malo, tener dinero es mejor, pero tener mucho dinero es peor.

Termino con un verso del extinto y admirado don Vidal Ramírez Guillén, compositor y bohemio Ometepequense, quien en su chilena “La Consejera” nos dice: “amores y dinero/quitan el sueño/ yo como nada tengo/ lo bien que duermo/ aylará Lara lá, etc.”

*fuente: Psicología en la Guía 2000.

Investigación-Compilación-Redacción:

Isaías López Abundis..

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